Jesús.

Publicado: 18 agosto, 2015 en Uncategorized

Ya hace una semana.

“- No vuelvas a desaparecer nunca más, ¿eh?
– ¡Noooo!
– Nunca.
– No. Te lo prometo.”

Se me eriza el vello de la piel cada vez que escucho una bicicleta y todavía sigo mirando a la puerta, esperando que vengas a hacerme la visita de todos los días y que me desmientas todo ésto.
Quiero darte otro bofetón por el segundo susto que me das en tan poco tiempo.

El cielo te lloraba y no podía ser de otra manera. Lo último que te escribí fue si tenías luz tras el corte de corriente que sufrimos el sábado por la noche, ahora comprendo cuán errónea era mi pregunta.
Porque claro que tenías Luz, Jesús, brillabas por ti sólo; fuimos nosotros los que pasamos por el apagón. Te llevaste la Luz y hoy todavía el mundo sigue siendo un poco más oscuro.

Te siento conmigo, estás conmigo, te llevo conmigo. Y cuando voy a un bar me resulta imposible no pensar en ti cada vez que alzo mi copa y la llevo a mis labios. Brindo por ti, en el silencio que sólo la mente me puede dar.

Alzo la copa por lo que jamás seremos, por como se suele decir, por nuestros días no vividos. Por todas y cada una de nuestras fiestas, por las charlas filosóficas.
Brindo por tus risas y tus sonrisas, que tantas veces tuve el honor de sentir como mías.
Por ese jodido bofetón que la noche del Domingo estuve rogando a Dios para dártelo, porque todo ésto quedase en un susto.
Por las cervezas que no echaremos cuando volvamos de correr y por las lágrimas que no podrás secar de mis mejillas con tus manos.
Porque jamás cogerás a mi hijo en brazos, ni podrás regalarle tu coletilla. Ni yo estaré cuando te den ese trabajo que tanto querías en Granada.
Por la tuya. Por la mujer que nunca conocerá al que iba a ser el hombre de su vida, la que iba a querer como si fuese una hermana mía. Y por tus niños, por todos los cuentos que iba a inventar sólo para ellos.
Por todos los te quieros que murieron en tus labios y esos besos que nacían en tu corazón.
Por toda la vida que me has dado y me darás. Hasta el final.

Fue un privilegio bebernos los Sueños bajo las estrellas.
Fue una auténtica gozada confiarles nuestras esperanzas.
Fue todo un honor haber tenido el orgullo de poder llamarte

Amigo.

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