Spanish bombs.

Publicado: 18 septiembre, 2014 en Música, Reflexiones

Todo comenzó, con un festival.

La Rubia bollera borracha del pueblo, el BolloClub y el BolloPandi; las milnos y las copas del RockShox. Porque aquí en Almu las niñas se van de copas los miércoles y cualquier excusa es buena para echarse unos litros en la playa. Que los inviernos se los pasa una de fiesta en el Arena y los veranos corren desde la terraza del Jaime, pasando por la Pelillera para terminar en el Soho y si el cuerpo lo permite, explotar en el Studio o en el Versátil.

La señora del primero que pregunta la hora a todo el que pasa cada cinco minutos, los locos del pueblo, el que me llama “madre”. El que está mal petao, el chulo de la puerta, Buba el portero, el “menos doce”, “el que vendía la carne donde tú vives”, las señoritas de vida alegre y sus ancianos novios.

Las aventuras que nos pasan con la niña de mi jefe, con la bollo que no entiende como sabe la gente que lo es y la que es el perfecto caballero; sin olvidarnos de la bollo al cuadrado (porque es panadera y es bollo a la vez) y de la que es un pedazo de pan, pero sin ser bollera.

A todas las personas que he conocido este año, las que vinieron para quedarse y las que simplemente pasaron fugazmente. Unas dejaron una cicatriz aquí y aquí y un par de huellas imborrables en mi alma; y otras simplemente me dieron un mal sabor de boca. Ha sido un año de emociones, de pasión, de furia, de secretos y mentiras; pero sobretodo, ha sido un año de amor. De mucho amor.

Ha sido el año de crecer profesionalmente y de madurar como persona in-dependiente, de aprender a tomar decisiones por una vez en la vida (con la cabeza y no con el corazón); de tener que decir adiós sin quererlo, de afrontar realidades con el “no puedo” por bandera, y con el “te quiero” en el corazón.

He llorado, he amado, he viajado, he sido el hombro de muchas personas y el escudo de otras, su espada, su amiga, su confidente; la compañera de juergas, la de “nos echamos dos y nos vamos”, la que está en la sombra y sabe toda la verdad, el ama de llaves de los secretos o la detonadora de la caja de Pandora. He sido mediadora, hermana, enfermera, celestina y ángel de la guarda.
He sido yo un año más un poquito más.

En definitiva, han sido 365 días de Spanish bombs: han sido 12 lunas de Clara, de Sara, de Lucía, de Laura y de Lidia; para luego ampliarse en Aida, Juan, Bertin, las Cuquis, la Seño Rosa y la Seño Paqui, Dimi y Nacho, Dani, David y Javi.
Pero también de visitas de mis niñas, de las de siempre; y de mi hermano gemelo rubio.

Ha sido el año de la música, de los mil conciertos a los que he ido con amigos, sola y hasta con mi madre. De dedicarnos temas pachangueros a voces en el paseo y de pedir temazos rockeros en las discotecas chonis. Hemos puesto banda sonora a nuestras salidas y recogidas, a nuestros encuentros y hasta a las personalidades. El año de ponerle canción a una mirada y hasta a una vida.

El año en que el himno del pueblo ha sido el “Spanish bombs, yo te quiero in-finito, yo te quiero, oh mi corazón.”

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